miércoles, 27 de octubre de 2010

Italia.




Cuanto más cambian las cosas, más siguen igual. No sé quién fue el primero que lo dijo. Shakespeare, probablemente, o quizá Sting. Pero de momento es la frase que mejor explica mi defecto fatal, mi incapacidad para cambiar.
No creo que sea el único. Cuánto más conozco a otras personas, más me doy cuenta de que todos tenemos ese defecto.
Quedarnos exactamente igual todo el tiempo que sea posible, quedarnos inmóviles. Te hace sentir mejor y si sufres, al menos el dolor es familiar.
Porque si sigues esa brizna de esperanza, sales de tu cueva, haces algo inesperado, ¿quién sabe qué otras angustias puede haber fuera? Podría ser aún peor.
Mantienes tu status quo, eliges el camino que ya conoces, y no parece tan malo. No en cuanto a los defectos, no eres un drogadicto, no has matado a nadie, excepto puede que a ti mismo.
Cuando finalmente cambiamos, no creo que sea como un terremoto o una explosión, no creo que de repente seamos otra persona. Creo que es más sutil. Algo que la mayoría de la gente no nota, al menos que se fije muchísimo. Lo cual, gracias a Dios, nunca hacen.
Pero tú lo notas, en tu interior ese cambio es todo un mundo y esperas que esa sea la persona que vas a ser para siempre. No tener que volver a cambiar nunca.
Cherries.

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